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| Grinor Rojo
(Universidad de Chile). Dirán que está en la gloria...(Mistral). Santiago,
Chile. Fondo de Cultura Económica., 1997.
Capítulo VII "... yo, / que lo dejé, siempre vuelvo" "Valle de Chile"
Opino yo que al "Poema de Chile" vamos a tener que buscarle compañía primero, si bien no exclusivamente, en la literatura latinoamericana del regionalismo. Aunque Santiago Daydí-Tolson afirme que este proyecto mistraliano "fue concebido probablemente a comienzos de la década del cuarenta"1, las investigaciones hechas por María Soledad Falabella en los manuscritos de la Biblioteca del Congreso estadounidense demuestran que a Mistral la había estado rondando la idea de escribir un poema sobre su tierra natal desde mucho tiempo antes. En su tesis de licenciatura para la Universidad de Chile, Falabella observa que "En los manuscritos aparecen poemas de este libro que datan del año '23" y extrae del cuaderno 146 el primero de ellos, "Recado sobre un viaje, Poema de Chile", reproduciéndolo y diciendo que "Se trata de un texto en verso que da cuenta del vagar de su alma (sola) por Chile"2. Dejando de lado otros antecedentes no menos valiosos que ella misma aduce, no deja de ser interesante que también en ese año Mistral haya escrito otro poema de intención nacionalista, al que tituló "Tacna", con el que "Poema de Chile" debía comenzar y cuyo nombre cambió después a "Arica". Comenta Falabella: "En los años veinte hubo una fuerte campaña para 'chilenizar' Tacna. Esta ciudad dejó de ser chilena en 1925. De esto se puede deducir que el poema debió ser escrito antes de 1925"3. Con todo, aun cuando tales textos existan y sean de tan temprana data, según nos asegura esta investigadora (también ella reconoce que el desorden de los manuscritos hace que "toda propuesta en cuanto a génesis cronológica sea tentativa ya que no existen indicios objetivos que permitan definir claramente si un poema es anterior, contemporáneo o posterior a otro"4, yo creo que no es lo mismo establecer la existencia y la temprana composición de los mismos, por muy meritorio que sea ese trabajo, que fechar el momento en que el "Poema de Chile" empieza a ser el "Poema de Chile", estableciendo cuando el proyecto alcanza en el imaginario mistraliano una significación y una estructura ya plenamente definidas y lo que evidentemente tiene que ver con el proceso del reencuentro de la poeta con el país que abandonara en 1922. Mirado el problema desde este punto de vista, es cuerdo conjeturar que la culminación de uno y otro de estos dos procesos ha tenido lugar hacia fines de la década del treinta. De esos años o, para ser más exacto, del período que sucede a la segunda visita de Mistral a Chile, en mayo de 1938, y la que coincide con la proclamación de su protector y amigo Pedro Aguirre Cerda como candidato a la presidencia de la República, son, según se indicó en el capítulo anterior, los poemas que ella dedica al "Volcán Osorno" y al "Salto del Laja", ambos incluidos en la tercera edición de Tala, la de 1958, y poemas ésos que, aunque no se recogieron después en la obra póstuma, podrían integrarla. Sin que sepamos nosotros a ciencia cierta la fecha en que cada uno de ellos fue compuesto5, aparecieron igualmente en esa tercera edición deTala "Cuatro tiempos del huemul", "Selva Austral" y "Bío-Bío", los dos últimos trasladados más tarde al libro de 1967 (¿fue el no traslado de "Cuatro tiempos del huemul" una pura decisión métrica? Pero, aun si esa fue la razón, el metro de "Cuatro tiempos del huemul" es también el octosílabo, aunque la disposición estrófica sea en cuartetos y no en la tirada del romance que es la característica del "Poema...". Misterio profundo, uno más entre los muchos creados por los editores de Mistral). Por último, abren camino hacia el "Poema de Chile" los dos textos más antiguos que nosotros comentamos en el Capítulo VI de este libro, "El fantasma" y "Cordillera". Y otra cosa: de 1939 es la conferencia de Mistral que continúa su "Breve descripción" de Chile, de 1934, y que con aquel ensayo forma el retrato más ambicioso que ella produjo en prosa sobre nuestro país6. Pero no era eso lo que me interesaba comentar en estas consideraciones preliminares, sino que aquéllos son los años que en la literatura continental hegemonizan las que Marinello llamó "novelas ejemplares de América"7, desde Los de abajo (1916), pasando por La Vorágine (1924), Don Segundo Sombra (1926) y Doña Bárbara (1929), hasta desembocar en el compromiso indigenista que pondrán de manifiesto obras tales como Huasipungo (1934), del ecuatoriano Jorge Icaza, y El mundo es ancho y ajeno (1941), del peruano Ciro Alegría. Además, y esta vez en Chile, de esa época son algunos de los mejores libros de Mariano Latorre, cuyo criollismo no es otra cosa que la faz doméstica del regionalismo, quien empieza su carrera literaria con Cuentos del Maule (1912), la prosigue con Cuna de cóndores (1918) y Zurzulita (1920), y consolida su prestigio con posterioridad a la segunda guerra mundial con la antología de relatos Chile, país de rincones (1947). También Benjamín Subercaseaux participa en esta competencia de ensalzamiento patriótico, cuando en 1941 da a conocer su popular Chile o una loca geografía, un libro que Mistral leyó y sobre el que hizo una reseña brillante publicada en las páginas de La Nación de Buenos Aires8. Por fin, según nos enseña Hernán Loyola, quien no le descuida pisada a Neruda, en 1939 éste habría puesto en marcha la composición del Canto General y, lo que es aún más sugestivo, la habría puesto en marcha con por lo menos uno de los textos del "Canto general de Chile", "Himno y regreso", que está fechado en ese año"9. No obstante las diferencias, no es necesario hacer grandes esfuerzos para probar el parentesco entre el proyecto poético de Neruda y el de Mistral. No se trata de un contagio directo, sin embargo. Los años veinte, treinta y hasta fines de los cuarenta se caracterizan en América Latina por el pujante espíritu nacionalista -aquel "nacionalismo terrícola" del que habla la poeta en su reseña de Chile o una loca geografía-, que un tanto contradictoriamente, a la vez informa al mundo sobre la plétora y excelencia de nuestros recursos naturales, apuesta cuanto tiene a las posibilidades de éxito de un capitalismo autárquico, con participación del estado en el manejo del aparato productivo y financiero del país de que se trate (el México de Cárdenas, el Chile de Aguirre Cerda, el Brasil de Vargas y la Argentina de Perón ofrecen buenos ejemplos en este sentido), y en el que mágicamente acabarían por converger los intereses de la empresa privada con las demandas de justicia social. La clave técnica de dicho modelo es la industrialización y las respuestas ideológicas al mismo fluctúan entre el respaldo sin restricciones que le brindan las capas medias y el sector moderno de la oligarquía, un apoyo más bien suspicaz de parte del proletariado y el rechazo a veces furibundo y en otras solamente melancólico que se alcanza a percibir entre los dueños de la tierra. Una novela como Don Segundo Sombra, por ejemplo, representa bien la postura de la oligarquía estanciera argentina de los años veinte y treinta, en la medida en que su retrato del gaucho es menos la defensa de aquella legendaria "cifra del Sur", como escribió Borges en 1953 --y que es una cifra que de hecho había desaparecido de la circulación pampina durante las últimas décadas del siglo XIX--, que la apologética de un modo de vida al que esa oligarquía siente amenazado por el advenimiento de una nueva perspectiva para encarar y resolver los problemas nacionales. Doña Bárbara, en cambio, con su menosprecio de aldea y alabanza de corte o, en otras palabras, con su propaganda sin tapujos de la función civilizadora de la metrópoli industriosa y culta vis-à-vis el campo palurdo e indócil, nos suministra la punta clasemediera del mismo espectro. He ahí pues el espacio ideológico y estético amplio en el que Gabriela Mistral instala su "Poema de Chile". Quien lo concibe y empieza a escribir es una mujer que ha abandonado el territorio de su nacimiento dieciséis años antes, que en el interín ha vuelto a él sólo dos veces, pero que, a despecho de las remotas latitudes en las que ha optado por establecer residencia, se mantiene obsesivamente al tanto acerca de todo lo que acontece en el ambiente político y literario que por su propia voluntad dejara atrás. Jaime Quezada nos recuerda "las preocupaciones que siempre, en todo momento y lugar, tuvo nuestra autora por las cuestiones inmediatas y quemantes de su Chile natal"10. Nosotros creemos que esta metáfora ígnea de Jaime Quezada tiene muchas más aplicaciones de las que él le quiso dar. Mistral se aleja de Chile, pero Chile seguirá escociendo en su conciencia como si sobre ella hubiese impreso una marca de fuego. Conviene precisar por ende en qué consiste el país que Mistral preserva en su memoria, cuáles son los elementos de esa tierra lejana que ella escoge destacar en su "Poema..." y cuáles los que prefiere disminuir o ignorar. Claramente, hay en esto una política de inclusiones y exclusiones. De las últimas, algunas eran previsibles, como las ciudades. Escribe en "Flores" (89-103), el más largo fragmento del volumen:
En efecto, Chillán, Valparaíso, Talcahuano y Concepción son las únicas ciudades chilenas que merecen el nombre de tales a las que Mistral adjudica un lugar en el "Poema de Chile". Radicaliza de este modo la política de exclusiones que adoptara en 1934, en su "Breve descripción de Chile", donde había pasado prácticamente de largo por las ciudades del valle central, dispensándoles un ademán aprobatorio nada más que a dos de ellas, a Concepción y a Talcahuano. En el "Poema de Chile", en los bocetos que traza de las cuatro ciudades que se sustrajeron a su condena, lo que acentúa es la vejez y rusticidad de Chillán, que en el fragmento que le toca será la tierra del joven Bernardo Riquelme y su madre, además de un refugio de "amasanderas", "curtidores y "alfareros"11, o en los casos de Valparaíso y Talcahuano su condición de puertos de "aventura", o en el de Concepción el que ésta es "ciudad ancha y señora" que "no trasciende a filisteo" (adjetivo este último que por cierto explica la tachadura de Santiago, donde por los demás las santiaguinas "me ven escandalizadas / y gritan -'¡Válgame Dios!' / o me echan perros de caza", como acusa en "Jardines", 87). Pero hay algo más. Estamos aquí ante un poema acerca de Chile que no sólo excluye las ciudades chilenas programáticamente. También excluye programáticamente las casas chilenas. Cito "Jardines" de nuevo:
O en "Flores":
Y es un poema que hasta excluye a una fracción mayoritaria de los habitantes de Chile, lo que yo no soy el único ni el primero en percibir12. Con la excepción de los tres personajes principales y de la masa anónima de los campesinos, incluidos entre éstos los del "valle de Chile", a quienes la poeta llama "mi gente" y a quienes les aplaude los "ademanes" y los "gestos" ("Flores"), sin olvidarse del nada desdeñable detalle de que "A unos enseñé a leer, / otros son mis ahijados / y todos por estos pastos / vivimos como hermanados" ("Jardines"), la población chilena escasea, y escasea bastante, en los versos que ahora me dispongo a comentar. En comparación con el Canto General de Neruda, y aun con el "Canto general de Chile", que contiene poemas específicos y sobre individualidades específicas (Tomás Lago, Rubén Azócar, Juvencio Valle y Diego Muñoz), en el poema de Mistral los seres humanos concretos brillan por su ausencia. Por supuesto, esa ausencia es explicable desde los patrones de una tradición literaria que se remonta a los Tableaux de la nature del barón Alexander von Humboldt (1808) y que es una tradición que cada cierto tiempo "reinventa" el continente sólo en términos de su flora y su fauna13, pero yo por lo menos estoy convencido de que en el "Poema de Chile" el fenómeno tiene raíces que son más complejas. Mistral, que tantos y tan minuciosos retratos nos dejó de personajes chilenos ilustres, en el "Poema..." se abstiene por completo de incurrir en esa práctica. Cito ahora dos estrofas de "¿A dónde es que tú me llevas?" (179-180), en las cuales de una manera indirecta admite esa falta:
Es decir que, puesto ante la oposición antropológica entre naturaleza y cultura, el "Poema de Chile" pareciera escoger la primera y prescindir de la segunda. Esta sería así una Gabriela Mistral que retorna al país de su nacimiento en calidad de fantasma para reencontrarse con la flora y la fauna, y nada más. Es lo que en "Copihues" (199-202) parece creer también su joven acompañante:
Pero los informantes del chico exageran. Es cierto que Gabriela Mistral canta aquella parte de la naturaleza chilena cuya grandeza la ha protegido o la había protegido hasta los años cuarenta y cincuenta de la imprudencia devastadora del hombre chileno. Los fragmentos que ella reserva para el Norte Grande ("tierras blancas de sed", en el fragmento del mismo título, 13-16), el Mar Pacífico (el "gran aventurero", en "El mar", 63-65), el "Monte Aconcagua" ("Yo veo, yo veo / mi Padre Aconcagua", 79-81), la "Luz de Chile" ("travesea / a donaire y devaneo", 107-108), la "Noche andina" ("de estrellas acribillada", 163-165), el río "Bío-Bío" ("Me he de tender a beberlo / hasta que corra en mis tuétanos", 187-190), los "Helechos" ("suben, suben silenciosos", 203-204), el "Volcán de Villarrica" ("Cuentan, mama, que es persona / y es brujo y manda de lo alto", 207-211), las "Araucarias" ("cada leñador que cruza / quiere tumbar la parvada", 213-214), el Lago Llanquihue ("Señor del Agua", en "Cisnes [en el Lago Llanquihue]", 217-220), la "Selva Austral" ("Huele el ulmo, huele el pino / y el humus huele tan denso / como fue el segundo día / cuando el soplo y el fermento", 221-225), la "Patagonia" ("Yo me la viví", 235-236) y las "Islas australes" ("tiradas a la mar libre", 241) son memorables sin duda, aun cuando en el dibujo del Norte Grande acoplándole a la precisión de la línea una connotación negativa que coincide con las opiniones que en cuanto a este mismo asunto ella vertiera en otras estaciones ya estudiadas de su obra. En particular, la Cordillera de los Andes, y algo se dijo al respecto en el capítulo que precede, es el blanco de su infatigable entusiasmo. Descontando las alusiones que se registran en contextos de variada intención, dos fragmentos que se ocupan de ella exclusivamente son "Montañas mías" (37) y "La Cordillera" (123-127). Cito el primero completo, aprovechando su brevedad:
Con todo, una forma natural que no posee la magnificencia de las que acabo de mencionar, pero que parece satisfacerla también, es la de la huerta. En el poema con ese título (51-53):
No sólo le interesa pues a Mistral la naturaleza en sus expresiones deshumanizadas. La huerta o, más precisamente, la pequeña propiedad que es objeto del trabajo familiar y que une al atributo de una extensión razonable la utilidad y la hermosura, constituye también para ella una forma natural sobre la que deposita su aprecio. Con su sensibilidad siempre atenta a los hilos que amarran al ser humano con la tierra, Luis Oyarzún percibió este aspecto de su trabajo: "La poesía de Gabriela Mistral, desde los primeros poemas infantiles, pero especialmente desde Tala, posee el inestimable mérito de ser una introducción al reino de las criaturas innominadas de nuestra América. Mas, no sería tan grande su empresa si hubiera consistido solamente en nombrarlas y describirlas, reduciéndose a una simple actitud de popular criollismo literario. La naturaleza americana brota poéticamente animada de los versos de Gabriela Mistral y, como siempre ocurre en su obra, aparece humanizada, espiritualizada, ordenada alrededor de la urgencia viva del hombre"14. Es que el corazón del medio chileno que Mistral recobra en su "Poema..." no es otro que el valle de Elqui, al que, como declara en el fragmento que cité previamente, flanquean "tres docenas" de cerros, con un río en la mitad y junto a él las casas lugareñas cada una provista de su huerto respectivo. "Esa geografía natal, que tiene las cosas que los hombres pueden pedir a una tierra para vivir en ella: la luz, el agua, el vino, los frutos, será su patria y para siempre", escribe Jaime Quezada en la primera página del prólogo a la edición de Ayacucho, repasando uno de los "recados". Después de lo cual sentencia, también con la ayuda de la poeta: "[ella], que se conocía una a una sus cien montañas, dejará de ser dichosa apenas sale de su valle"15. Este es pues el paisaje mistraliano por antonomasia. Es su locus amoenus, la dulce Arcadia de su pastoral criolla, a lo mejor lo único de Chile que verdaderamente amó. Ya en el huerto, la mirada de Mistral se posa con deleite sobre las hierbas: la albahaca, el tomillo, el romero, el toronjil, la menta, la hierbabuena, la mejorana, el poleo, el trébol, la salvia, la manzanilla, la malva fina, las cuatro últimas agraciadas con fragmentos sólo suyos en esta muy selecta galería de esplendores nacionales. El olfato se le convierte en tales ocasiones en el glorioso sentido de los descubrimientos, un poco a la manera de "esos viejos naturalistas que hurgaban la tierra para dar nombre a plantas y bestezuelas, y que eran poetas tanto como sabios", según escribe Oyarzún16. Por otra parte, quizás también entre aquí a tallar aquel franciscanismo del que habla Daydí-Tolson en su libro sobre el "Poema...", induciéndola a querer y valorar las creaciones más humildes de Dios17. Franciscanismo que no tiene por qué quedarse sólo en eso, ya que, sin disminuir la autenticidad de sus sentimientos ni la catolicidad de sus inspiraciones, pudiera constituir igualmente un resabio del hinduismo panteísta derivado de sus viejas lecturas de Tagore, lo que Mistral corrobora en "La chinchilla" (33-35) y en "A veces, mama, te digo". El fragmento "Aromas" (23), en el que, cuando aún no ha dejado atrás los límites del desierto, ella anticipa la suave fragancia "que regalan / salvia, tomillo y romero" y la que "no anda en jardines, / porque ha escogido los huertos", establece con nitidez la conexión a la que me estoy refiriendo. El valle, el huerto y las hierbas forman en la construcción del espacio del "Poema de Chile" una cadena de incorporaciones sucesivas, en la que Gabriela Mistral acaba consumando un proceso de culturización a su manera del medio natural. Esta culturización no es la moderna y arrogante de la urbanística sarmientina, ni qué decirse tiene, sino una actividad de carácter premoderno, que se lleva cabo por medio del trabajo campesino y en la que se percibe un profundo, casi religioso respeto por el equilibrio entre el quehacer de los hombres y las prerrogativas de la naturaleza. Por eso, las hierbas pasan fácilmente desde la montaña a la huerta y "no andan en jardines". Reconociéndoles a éstos la maravilla de sus flores, aunque distinguiendo también entre flores "catrinas" y "campesinas rasas" ("Flores"), Mistral pone por encima de aquella botánica exquisita a la que más y mejores servicios le presta al ser humano. Por el mismo motivo, creo que tampoco cabe leer el "Poema de Chile" como si se tratara de un capricho paisajista. Poco cuesta mostrar en efecto que, como en la literatura que le sirve de ejemplo, se combinan en él el despliegue de la naturaleza americana, chilena en este caso, con el argumento social. Este se canaliza en los versos de Mistral a lo largo de dos anchas avenidas por las que son pocos los que hasta hoy se han atrevido transitar. La primera de esas avenidas la constituye la preocupación de Mistral por el "reparto" de la tierra entre aquéllos que la trabajan o, dicho con el lenguaje de economistas y sociólogos, su toma de posición inequívoca a favor de la reforma agraria, que es de antigua data y obedece tanto a sus experiencias particulares de muchacha provinciana y de maestra rural18 como a las condiciones del agro chileno19. En el "Poema...", esta línea temática surge a medio camino de la peregrinación de la hablante y sus dos compañeros por el territorio patrio, en "Flores", y se comunica desde ahí a por lo menos cuatro textos más (a "Manzanos", 109-110, entre los versos veinticuatro y treinta y cuatro; a "Campesinos", 171-172, en el poema completo; a "Reparto de tierra", 173-174, entre los versos veinte y veintinueve; y a "¿Adónde es que tú me llevas?", entre los versos treinta y cuarenta y uno). La segunda avenida del alegato social mistraliano en el "Poema de Chile" concierne al tratamiento inicuo que desde siempre se le ha dado al pueblo indígena en nuestro país y a la significación que ese pueblo tiene pese a todo para una honesta estimativa de la nacionalidad. Aunque es cierto que Mistral desarrolla este tema de preferencia en los fragmentos sobre El Sur, no hay que olvidar que uno de los tres protagonistas de la obra, aquél con el que ella dialoga constantemente, es un niño diaguita. En cuanto a la reforma agraria, recordemos que Fernando Alegría cuenta que Mistral, en su último viaje a Chile, el de 1954, en el discurso que pronunció desde un balcón de La Moneda, felicitó al gobierno [y ese gobierno era el de Carlos Ibáñez del Campo: "el mismo presidente que, en un período anterior, al hacerse cargo de la presidencia, le suspendió el sueldo", acota Alegría] por haber realizado una reforma agraria que sólo estaba en su imaginación". Sigue diciendo el autor de Genio y figura...: "Se ruborizaron los ministros, el presidente sonrió confuso, las gentes se codeaban sin poder creer lo que oían"20. Obviamente, lo que esas personas estaban sospechando es que en el cerebro de la insigne poeta se había desatado un síndrome de senilidad precoz. A Alegría, semejante conjetura no lo convence del todo21, pero deja que la verificación de su descargo de colega, de amigo y de biógrafo quede librada a la buena voluntad del lector. Pienso yo que el "Poema de Chile" o, mejor dicho, el modo cómo el "Poema de Chile" aborda el tema de la reforma agraria, resuelve el enigma. Aquí Gabriela Mistral da también por hecho el "reparto de tierra", pero no sin hacernos saber metapoéticamente que ése es un artificio que ella emplea con entera lucidez. No es que ella no sepa que la reforma agraria chilena no se ha hecho, por lo tanto. La actitud profética que el "Poema de Chile" adopta deliberadamente para estos propósitos, y que difiere de la perspectiva nostálgica que domina en el resto de la obra, privilegia, y es legítimo que así lo haga, dar por sucedido lo que está aún por suceder. Que Mistral haya prolongado este ánimo profético más tarde, en sus negociaciones con el mundo real, como cuenta Alegría, se puede achacar al mismo prurito22. Daydí-Tolson rescata una frase que ella pronunció en Nueva York, poco antes de embarcarse con rumbo a Chile, y que es decidora por demás: "Iré -dijo entonces- caminando por la tierra de Chile como un fantasma llevado de la mano por un niño"23. Lo único que uno puede concluir, después de haber leído con atención esta cita, es que durante su último regreso "real" al país Gabriela Mistral elige emplear en su conducta los mismos patrones de performance retórica que había venido utilizando en la confección de su último retorno poético. Cito "Flores" otra vez:
Podría dar otros ejemplos de este poetizar mirando hacia "lo venidero", pero no me parece que sea necesario. Me interesa mucho más comprobar en este punto de mi exposición que la poeta no hace ninguna referencia al tema de la reforma agraria a su paso por el valle de Elqui. Resulta claro así que, a partir de lo que recuerda por una parte y de lo que mitifica por otra, en el valle del río Elqui el problema que esa reforma debería resolver no existe24. El latifundio, según lo que ella nos da a entender una y otra vez, constituye un morbo que infecta especialmente a la zona central del país, a la que Mistral designa como "valle de Chile"25. Es más: no sólo no se necesita a su juicio reforma agraria alguna en Elqui, sino que Elqui es el llamado a aportar una solución técnica para la misma. Los versos doscientos ochenta y dos a doscientos ochenta y siete entre los que acabo de citar establecen al margen de dudas que lo que Gabriela Mistral prefigura en ese futuro nacional que no ha ocurrido aún, pero que ella prefiere no demorarse en "cantar", es la aparición de "una tierra donde / tienen huerto los huerteros". Una vez más, es el huerto, es la naturaleza chilena según el modelo de la pequeña propiedad del valle de su niñez, la base de un existir humano pleno. El otro argumento social que recorre el "Poema de Chile" dice relación con la presencia y la importancia del indio en y para la vida de nuestro país. Este es el mismo asunto que aparece conflictivamente elaborado entre las líneas de "Salto del Laja", el poema de Lagar al que nosotros nos referimos en el Capítulo VI, y a mi juicio con un punto de vista similar. El hecho es que Mistral muestra con respecto a la cuestión indígena una actitud que es en parte acusatoria y en parte culpable26. Como Neruda, denuncia el ocultamiento y la degradación de que los indígenas de nuestro país han sido víctimas durante los ciento cincuenta o más años de existencia de la Republica, aunque en su caso sin exonerarse de la responsabilidad que ese hecho supone27. Para Mistral, se trata de una artimaña que opera a partir de un efecto de "fabulación", con el que se escamotea la evidencia atroz tras la pátina heroica de la leyenda erciliana y que es obra de unos "mestizos banales", quienes se han negado a aceptar la parte india que se aloja en su piel. Obsérvese la dureza de su palabra en "Araucanos" (195-197), dureza que sin embargo no es óbice para el empleo del plural:
Y en "Alcohol" (77):
Pero, como Neruda, Mistral también cree que la manera de recuperar al pueblo indígena para el país chileno del futuro es encontrándole un lugar en el seno de las clases trabajadoras. Neruda acaba por eso juntando al araucano con la gran familia de los "pobres de la tierra"28. Mistral, en cambio, desea reunirlo con los campesinos, con aquéllos que según ella cree muy pronto llegarán a ser dueños de su medio de trabajo. Le pide por ejemplo al "Bío-Bío":
En ambos casos, sin embargo, lo que se está quedando afuera del cuadro es la peculiaridad de la contribución del araucano a la vida chilena, su diferencia cultural y étnica dentro del conjunto mayoritariamente mestizo de la población del país29, diferencia que se mantiene subsumida u opacada por el humanitarismo un tanto ingenuo de uno y otros poetas. Dice Mistral en "Reparto de tierra":
Mistral se da cuenta pese a todo (aunque a nosotros no nos sea fácil decir con qué grado de conciencia) de que la especificidad del pueblo indio existe y que ella es irreductible. El fragmento "Araucanos", que cité más arriba, desarrolla un incidente que atraviesa la conversación entre la poeta y su discípulo. Mientras ella dialoga con el muchacho diaguita, una "india azorada", que además carga a un hijo sobre la espalda, aparece de y desaparece en la espesura. Entre tanto, la poeta-maestra le explica a su acompañante que:
El chico diaguita la interrumpe y exclama:
Pero la joven araucana:
Creo que, menos que ilustrar los contenidos de la conversación entre estos dos personajes del "Poema de Chile", el episodio de la muchacha araucana a la que se "traga la selva" (¡y qué distancia hay entre esto y la frase que sella el destino de Arturo Cova en la novela de José Eustasio Rivera!), y que es un episodio que ocurre en simultaneidad con el diálogo entre la escritora y el niño, los estaría negando. El diálogo entre Mistral y su discípulo denuncia la brutalización que han debido sufrir en Chile los indios araucanos de parte de "unos dueños / de rifles y caballadas", pero termina, como ocurriera con el planteo de la poeta en torno al despojo campesino, confiando la solución del problema a un porvenir en el que habrá "reparto de tierra y huertas". Otra lectura es la que nos brindan sin embargo tanto el grito del muchacho diaguita como el "cruce" de la mujer indígena durante el transcurso de la explicación pedagógica de Mistral. Si la oposición entre el "contar", por un lado, y el "hacer", por el otro, que pone de manifiesto el grito del chico, genera un corto circuito en el predominio de la dimensión denotativa dentro de los versos que estamos examinando, el esfumarse de la india en la selva hace connotativamente ostensible una realidad que tanto el relato histórico como el discurso porvenirista descuidan. Esa gente es otra, su otredad escapa a cualquier simplismo ideológico y debe ser reconocida por lo que ella es o de lo contrario la raza indígena chilena desaparecerá. Tal vez aquí resida la mayor distancia entre Neruda y Mistral, ya que ésta, por lo menos al final de "Araucanos", proyecta una suerte de resurrección panindígena:
Indiqué al dar comienzo al presente capítulo que la literatura latinoamericana del regionalismo, y todo cuanto rodea a esa literatura desde el punto de vista sociohistórico, era el primero, pero no el único factor que motivaba a Gabriela Mistral en su escritura del "Poema de Chile". Ha llegado ahora el momento de acometer la parte de nuestro trabajo que quedó entonces pendiente. Para ello, reencauzaremos en lo que sigue nuestra investigación desde el plano predominantemente referencial hacia uno predominantemente pragmático o, lo que viene a ser lo mismo, atenderemos un poco menos a la cosa dicha que a quien nos la dice. Confiamos en que esta segunda etapa del análisis produzca resultados de lectura no menos fructíferos. Una mujer que ha abandonado su país quince o más años antes, pero que pese a todo "anda por el mundo" con ese país a cuestas (Scarpa), como si él hubiese dejado en su conciencia una "marca de fuego" (Quezada), que entre tanto ha sido blanco de las más grandes desventuras, y ello al mismo tiempo que la manoseaban urbi et orbi como a la maestra suprema, como al genio poético de su país y del continente, como a la gran diplomática, como a la representante ejemplar de su sexo, como a una santa inclusive, ésta es, lo estamos viendo, la sujeto que habla en el "Poema de Chile". También es ésta una sujeto que considera que debe corresponder a la confianza que en ella ha depositado El Padre chileno haciéndose cargo de determinadas tareas cívicas y aun "femeninas". Más importante aún es el hecho de que ésta mujer va a describirse a sí misma, en varias instancias del "Poema...", en "Hallazgo" (7-11), en "Montañas mías", en "Perdiz" (135-142), en "Boldo" (161-162), en "Noche andina", en "La hierba" (237-240), como una "trascordada" o, para decirlo en un español de uso común, como una persona que ha olvidado, que siente que ha olvidado y que desea recordar. En "Perdiz", por ejemplo, el niño diaguita observa:
y luego:
Me siento tentado de decir que el "Poema de Chile" profundo se encuentra íntegro en los doce versos que acabo de citar o que en todo caso está en ellos el retrato más cabal de la mujer que habla en sus páginas, y no tanto por lo que "las comadres" piensan acerca de ella (aunque algo de eso hay también. Gabriela Mistral siente que no otra cosa es lo que rumorean las comadres chilenas sobre su persona: "trascordada" rima con "renegada" en Montañas mías", y en otros contextos lo hará con "descastada", "trocada" y "desatentada", todo ello dentro del mismo campo semántico de no pertenencia, de extrañeza y confusión en este mundo que es en términos generales el de su obra tardía), menos aún por lo que piensa su acompañante30, sino por lo que ella piensa. Es decir que es Mistral la que siente que una vez ella "fue", que una vez tuvo un "nombre", una "casa", un "bulto", un "país" y un "oficio", pero que las circunstancias y el tiempo la han ido despojando poco a poco de esos bienes terrenales suyos y convirtiéndola a la postre en la "nonada" unamuniana a la que se refiere el verso ciento sesenta y cuatro, esto es, en una "aparecida", en un "fantasma", en alguien que ya nada significa para las jóvenes generaciones chilenas a las que a ratos simboliza el jovenzuelo que marcha junto a ella cuya representatividad argumentará en "La tenca" ("Bajé, chiquito, sólo / por ver mi primera Patria, / y porque te vi vagar / como los cuerpos sin alma", 167-169) y en la "Despedida" ("Yo bajé para salvar / a mi niño atacameño", 243-244). El sentido más íntimo y hondo del término "trascordada" se hace pues patente en esta docena de versos. "Trascordada" es ella misma, "que de loca / trueca y yerra los senderos, / porque todo lo ha olvidado, / menos un valle y un pueblo" ("Hallazgo"), y es en tal sentido que el "Poema de Chile" adquiere un carácter autobiográfico necesario31. Gabriela Mistral reconstruye en él lo que ella fue, y eso para recordar, para reaprender lo que ella es. Un alcance de Patricia Pinto Villarroel, quien arguye que "el indito llega en momentos a perder su identidad porque nítidamente se advierte tras él la presencia del sujeto enunciante niña"32, me parece luminoso para la aclaración de este asunto. En el fondo, lo que Pinto observa es que el discurso de Mistral en el "Poema..." es menos el diálogo que pretende ser que un monólogo denso y obsesivo, tan denso y obsesivo como el que se encuentra por detrás de las más poderosas entre sus canciones de cuna. de diferentes maneras en diferentes momentos de su gestación, pero sin que en ninguno de esos títulos faltara el adjetivo "de Chile", y del que ella advirtió además que era un "poema descriptivo"33 y hasta pedagógico34, toda clase de interpolaciones personales: sobre su "loco" abandono del país ("Hallazgo"), sobre su crianza en Elqui ("Flores"), sobre las tisanas de su madre ("Huerta"), sobre sus excursiones con la madre a la montaña (también en "Huerta"), sobre la presencia constante de esa madre junto a ella ("Tordos", 57-58), sobre su lindo canto ("La tenca"), sobre la infancia elquina y su perentoria nostalgia ("Valle de Elqui", 45-48), sobre sus rarezas y temprana vocación poética ("A veces, mama, te digo"), sobre la siesta de los cinco años ("El cuco", 49-50), sobre el alcoholismo paterno ("Alcohol"), sobre su aislamiento de siempre ("La chinchilla"), sobre el vínculo cómplice entre su vida y la Cordillera ("Cordillera"), sobre su afición y falta de talento para el canto ("Frutillar", 153-155), sobre el éxtasis arrebatado de la creación ("Viento Norte", 31-32), sobre el doble y equívoco significado de sus nombres ("Animales", 41-43), sobre su pasado de maestra rural ("Jardines"), sobre su no haber alcanzado jamás "la gracia" debido a su amistad con "la palabra" ("Flores"), sobre sus excelentes relaciones con el Angel Guardián ("Volcán de Villarrica") y con mayor abundancia como es lógico sobre el duro trance en que a la sazón se encuentra, marcado entre otros muchos infortunios por su "extranjería", que se prolonga ya sin término visible ("Tordos"), y por la muerte de Yin ("Canción de cuna del ciervo", 25-26). El sentimiento de "extranjería", en particular, se mantiene activo a todo lo largo del relato. El "allá" del exilio es el sitio desde el que ella nos habla en realidad, él es el locus de la verdadera enunciación del "Poema de Chile", aun cuando la hablante gramatical del mismo se ubique en el espacio que ella está atravesando en tanto figura fantasmal y protagónica del mundo narrado. En efecto, es en la lejanía de esa otra tierra que no es la suya donde Mistral sueña con "El Sur". Escribe en "Hallazgo":
Y en "Despertar" (61):
Explicamos en otro momento que el sueño es una estrategia común en la escritura poética mistraliana de todas las épocas, pero que lo es aún más en su lírica de las postrimerías y que esos sueños suyos son a veces divagaciones, en otras ensueños y en no pocas prácticas alucinatorias autoinducidas. Pudiera incluso hacerse un catastro de las variantes de este último tipo. El "sueño de Chile" cabría entre ellas, me parece a mí, y tampoco es difícil atribuirle un carácter recurrente (por ejemplo, yo pienso que se puede leer a partir de aquí la flagrante inexactitud del "siempre" en los versos de "Valle de Chile" (85) que he utilizado como epígrafe para este capítulo: "Para repasarlo, yo / que lo dejé, siempre vuelvo"), a la vez que compensatorio por su ajenidad, por la misma que ha empezado a erosionar su memoria y a hacer de ella una "trascordada". De manera que no me parece exagerado sostener que el sueño constituye lo mismo el acicate que la forma primigenia del proyecto escriturario de Gabriela Mistral en su gran libro inconcluso. El es el que primero lleva hasta los ojos de la poeta "el Valle entero". El "Poema de Chile", su sentido y su forma, acabará/n respondiendo al sentido y la forma de su sueño de Chile. Antes que los libros de geografía escolar, que Mistral amó y recomendó35, antes que El maravilloso viaje de Nils Holgersson, el libro de Selma Lagerlöf, que también le produjo un placer duradero y cuya influencia sobre la concepción del "Poema..." verifica con agudeza Daydí-Tolson36, antes que las dudosas pesquisas eruditas que llevó a cabo para realizar su trabajo37, y antes que los estímulos provenientes de la literatura del regionalismo -la de sus compatriotas y la otra-, lo primero fue el sueño. Ese sueño es el consuelo de su vida en el destierro, a la vez que el origen y modelo de su composición del "Poema...". Como decíamos en nuestro capítulo anterior, un anticipo de esta última, casi un plan piloto, puede hallarse en "El fantasma", el poema que cierra la serie "Historias de loca", en Tala, y que no es como cree Alegría posterior a la muerte de Yin, ya que se publicó en la primera edición de ese libro, la de 193838. Ese poema comparte con la obra que estamos ahora comentando su punto de arranque en las virtudes compensatorias de la dinámica onírica, tanto como el artificio del retorno fantasmal. Mistral sueña ahí que regresa ("¡que dormida dejó su carne, / como el árabe deja la tienda"), y la manera como ella efectúa ese regreso es en calidad de fantasma: "aquí me ven si es que ellos ven / y aquí estoy aunque no supieran". La razón del volver en tales condiciones no es menos explícita: se justifica por la pobreza de su existencia de entonces, residiendo "en país que no es mi país, / en ciudad que ninguno mienta, / junto a casa que no es mi casa". Todo esto es válido para el "Poema de Chile", y también lo es para secciones enteras de la lírica mistraliana de las épocas intermedia y tardía, como "Saudade", de Tala, "Vagabundaje", de Lagar, y otra vez "Vagabundaje", en Lagar II, y todas las cuales delatan con temblorosa elocuencia la alienación cada vez mayor que la hablante experimenta en tierra ajena. Ahí se encuentran poemas como "País de la ausencia", "La extranjera", "Todas íbamos a ser reinas", "Puertas" (769-772), "Emigrada judía", "La gruta" (147-148) y "El huésped" (153-154), algunos de los más bellos que ella compuso a lo largo de su vida errabunda. También encontramos entre Lagar y Lagar II el comienzo de su autofiguración como la "trascordada". Está en "Canto que amabas" (731-732), en "Memoria de la gracia" (757-760) y en "Recado terrestre" (791-793), de Lagar, y egregiamente en "Dos trascordados", de Lagar II, en cada uno de esos textos con un significado permutable. Entre el exilio y el olvido, entre la alienación y la pérdida de la conciencia de sí, la actualidad de Mistral no es, en esos años finales de su vida, más que un lento trascordarse. Pero, ¿por qué no vuelve? ¿Por qué no escribe su "Poema de Chile" como Mariano Latorre escribió sus cuentos y novelas o como Benjamín Subercaseaux le dio forma a su largo relato, caminando sobre el suelo de la patria con una libreta de apuntes en la mano? La respuesta es una sola: Gabriela Mistral no vuelve a Chile porque no puede, porque espiritualmente esa es una decisión que ella no se siente capaz de tomar. En la unión de la pesadumbre del desarraigo con la imposibilidad de ponerle fin, porque hay en ella algo que se resiste a un cumplimiento en el terreno mismo de su apetencia de respirar el aire de la patria de nuevo, afinca la raíz última del dilema que la aqueja y todas las ambigüedades que esparció a este respecto durante años, a veces culpando al país39 y en otras admitiendo, más y menos veladamente, que el problema estaba en ella y sólo en ella, van a parar al mismo nudo40. Más aún: es en ese nudo donde tiene que introducirse en último término nuestro comentario sobre el "Poema de Chile". Porque, ¿qué hacer en estas circunstancias? Volver evidentemente, pero volver sin volver. Volver como le enseñaron a hacerlo los sueños. Con el alma, pero dejando el cuerpo atrás. El sueño se incorpora por lo tanto en el registro lingüístico que ahora examinamos ("Iba yo cruza-cruzando", es lo que dice en "Hallazgo", e imita de ese modo la forma infantilizada del relato onírico) con la compensatoria función de entregarle al deseo por la vía imaginaria aquello que el deseo no puede lograr por cuenta propia. Esta es, bien lo sabemos, la función que Freud le identifica a los sueños, y no sin especificar que "el deseo consciente puede convertirse en instigador del sueño sólo cuando logra despertar un deseo inconsciente del mismo tenor que lo refuerza”41. Ahora bien, entre este doble proceso del sueño y el doble proceso de la creación artística, el paralelismo es evidente, y Freud se ocupó de explorarlo de un modo práctico cuando investigó el significado de una fantasía de Leonardo y las consecuencias que la misma tuvo para la concepción de la Gioconda y otras de sus obras pictóricas42. Más cerca nuestro, con un significado amplio y bastante más técnico que el que tiene en el "Poema de Chile", nos encontramos con que para un sector de la teoría psicoanalítica francesa el común denominador entre el deseo y el sueño y entre el sueño y la obra de arte es también el fantasma43. Gabriela Mistral conjurará el que a ella le toca (o el que ella es en la "escena imaginaria" con la que representa su retorno a Chile, si es que una de las condiciones para el funcionamiento de esa estructura es efectivamente la presencia en ella del sujeto que sueña) primero en el poema que lleva ese nombre, luego lo repetirá en "Cuatro tiempos del huemul" y lo llevará hasta su culminación paroxística en el "Poema de Chile". En "Jardines", lo admite sin embozo, cuando escribe que "No me duele el que no vean / en cuerpo a la que es de sueño / que se hace y se deshace / y es y no es al mismo tiempo"44. Pero donde el motivo alcanza su realización más perfecta es en el fragmento "Raíces" (133-134), que con variantes aparece también en Lagar II y que para mi gusto uno de los mejores de este libro:
La mirada es aquí desde abajo: la hablante de este poema está entre las raíces, "metida en la noche" de las raíces, y ellas son las que desde la profundidad de la tierra hacen al sueño tanto como el sueño hace al poema. Esto explica que el sueño sea el puente entre las raíces y "la fábula", como declaran los versos cinco y seis y como lo retoman después el diecinueve y el veinte. Cualquiera sea la índole de las raíces en cuestión (y tendremos que detenernos en este asunto más tarde, ya que las determinaciones que aquí se les fijan no son abrumadoramente amables: "amargas", ciegas", "iguales", "en pie", "apretadas y revueltas alimañas", "heridas" y con "llagas" son las determinaciones que Mistral ofrece de ellas en la primera, cuarta y quinta estrofas), lo concreto es que su mensaje (la respuesta a lo que oyen: "los vientos", "los pinos") no es algo que ellas transmitan por sí mismas, con su propia voz. Por eso, necesitan de la ayuda del sueño, para emerger desde el silencio en el cual residen, para hablar con la única lengua con que ellas pueden hablar y que es la lengua de la (tal vez también prestada) fabulación. Cierto, el "Poema de Chile" pudo estructurarse explícitamente con la forma del sueño, como muchos otros poemas mistralianos. Ello hubiese ocurrido de mantener Gabriela Mistral su escritura entre los parámetros intertextuales de la prestigiosa tradición que arranca del Somnium Scipionis ciceroniano, del Hercules furens, de Séneca, y del Somnus, de Estacio, que en la literatura española del renacimiento y del barroco cuenta con versiones asimismo importantes, en Boscán, en Garcilaso, en Herrera, en Fray Luis de León (¡y qué cercanía es la que hay entre los sueños de paz de Fray Luis en la "Vida retirada" o "A Francisco Salinas" y ciertos momentos del soñar arcádico de Mistral en el "Poema de Chile"!), en Quevedo, en Góngora y desde luego en Calderón, y que en América Latina logra su muestra más acabada en El sueño de Sor Juana. En esa obra de la monja jerónima, se recordará que la protagonista sueña y que es a través de su soñar que ella escapa a la estolidez del orden cultural de la colonia española, y sale al mundo a re/aprenderlo45. En cuanto al proceso de re/aprendizaje de Mistral, el que ella emprende del mundo chileno que abandonara veinte o más años antes, lo cierto es que para consumarlo da un paso que el dogma no autoriza, pero en el que ella insiste pese a todo, yo creo que nuevamente instada de una parte por la vena espiritista y teosófica que recorre desde antiguo su sensibilidad religiosa, y que es una vena que como ya sabemos sufre un considerable engrosamiento en la época que sigue al suicidio de Yin, y de otra echando mano de los dechados del imaginario popular, sobre todo a los del imaginario popular campesino. Porque es éste el que les da su mejor pasaporte a las "almas en pena", almas que regresan desde la muerte a la vida y que se mueven entre nosotros sigilosas e invisibles, procurando completar durante esa segunda vuelta aquellas tareas que se les quedaron inconclusas durante el escaso tiempo que les duró la primera. Las dificultades que han tenido los intérpretes católicos para darle a este aspecto de la escritura de Gabriela Mistral en el "Poema de Chile" algo más que una lectura retórica son comprensibles y consistentes con las que han tenido para leer otras zonas de su obra46. El sueño no hubiera sido un gran escollo si Mistral hubiese detenido ahí la escenificación de su regreso. Fue el paso posterior desde el sueño a su retorno en calidad de "fantasma", paso que no contempla la ortodoxia cristiana, aunque sí sea una posibilidad abierta para espiritistas y teósofos --y no sólo una posibilidad, puesto que para la secta de Allen Kardec constituye uno de los principios básicos de su propio catecismo--, el que creó una brecha infranqueable. Una mirada al fragmento con que el "Poema de Chile" comienza, "Hallazgo", extraordinario por múltiples razones y de cuyo análisis exhaustivo no puedo menos que excusarme, nos permitirá, creo, darle a este asunto un tratamiento que no es sólo retórico:
He transcrito sólo la primera estrofa de una fragmento que tiene doce y ciento veintiún versos, y me limitaré a formular sobre ella unas pocas observaciones que juzgo elementales para la comprensión de lo que llevo dicho hasta ahora y de lo que aún me queda por decir. Primera observación: Gabriela Mistral invierte en esta estrofa la "vía" acostumbrada del poema místico español. En vez del alma que durante el sueño escapa del cuerpo, para ascender en un adelagazamiento paulatino hasta reunirse con Dios en su Reino, como en "Noche oscura del alma" de San Juan de la Cruz (poema con el que la estrofa guarda por lo demás ciertas relaciones estilísticas, v.gr. : el aprovechamiento de los participios pasados y las comparaciones alusivas a un moverse sin vacilaciones, "recto", "como la flecha", en Mistral, "Más cierto que la luz de mediodía", en San Juan), ella nos propone la figura de una mujer que vuelve a la tierra después de su muerte y que para ello "baja" desde "espacio" y "aires" hasta acabar reencarnándose en un "segundo cuerpo". Claramente, ese segundo cuerpo no posee, no puede poseer, la materialidad del cuerpo primero. Es, por decirlo así, más que un alma y menos que un cuerpo y su consistencia, que Mistral compara aquí y en otras partes con la de la niebla (por ejemplo, en "La malva fina", 129-131, y en "Tordos", 57-58. Anticipemos aquí que el tema mistraliano de la niebla, que se remonta a sus prosas poéticas de la juventud, que después se halla presente en cada uno de sus libros y que adquiere una especial complejidad en sus publicaciones póstumas, desemboca en dos textos formidables: en el fragmento "Niebla", 231-233, de este mismo volumen, y en el poema "Electra en la niebla" de Lagar II ), se corresponde bien con la que deben enfrentar los transeúntes de la fase astral dentro del proceso de espiritualización de ultratumba del que nosotros hablamos con largueza en nuestro análisis de "Aniversario". Esta, a su vez, es la que da origen a las historias de fantasmas. En segundo lugar, los versos tres y cuatro, que establecen que nuestro personaje ha regresado a la tierra chilena "sin llamado y con llamada / por la fuerza del deseo", construyen una paradoja a la que acompaña su respectiva resolución. La paradoja la forman los dos términos del verso tercero, que parecieran contradecirse entre sí (y la expectativa de la contradicción se prolonga durante una fracción de segundo debido a la pausa versal), pero se trata de un falso indicio. Si bien es cierto que desde acá no ha habido "llamado"47, la hablante se mueve "llamada" por la fuerza de su propio "deseo". Este, incluso con la plusvalía erótica que la palabra posee en español de suyo y que en alemán y en inglés denotan Begierde y lust respectivamente, y a la que aquí estaría respaldando la oposición entre el masculino de "llamado" y el femenino de "llamada", constituye la causa de su viaje. Se confirma así también que la motivación pedagógica del mismo, aunque genuina, es secundaria con respecto a esta otra. Gabriela Mistral vuelve primero al mundo de su deseo, y es con los contenidos de ese deseo con los que luego se constituye en maestra del muchacho diaguita y, a través de las lecciones que a él le propina, en maestra igualmente de todos los ciudadanos de nuestro país Si por otra parte retomamos la definición freudiana de los sueños, como "el cumplimiento (disfrazado) de un deseo (suprimido o reprimido)", según se lee en uno de los momentos claves de la Interpretación..., o como la "representación" de un deseo que se cumple con las características de una "experiencia alucinatoria", según queda más explícito todavía en las Conferencias introductorias...48, el desenlace de la paradoja resulta del todo plausible. En definitiva, la existencia pero imposible realización del deseo de volver es lo que genera el sueño del viaje tanto como el sueño del viaje genera la escritura del "Poema...". Tercero: una nueva paradoja, esta vez más enigmática, porque carece de una exégesis metapoética incluida, nos espera entre los versos cinco y seis: "y a más que yo caminaba / era el descender más recto". ¿Cómo leer estos dos versos? Está claro que una acción niega a la otra. El caminar y el descender (éste desde y por el aire, téngase en cuenta) son acciones incompatibles, a menos que su realización sea sucesiva y tal vez consecuencial. Pero, entendiendo las cosas de acuerdo con el enfoque alternativo que ahora estoy proponiendo, los versos citados adquieren una transparencia que de lo contrario resulta inasequible. Puesto que "yo caminaba" por el mundo, al parecer en una caminata sin dirección y sin término, la necesidad del cumplimiento de mi deseo o más bien su cumplimiento sustitutivo se hacía cada vez más acuciante. "Privatio est causa appetitus", como prorrumpe Sor Juana a poco de comenzar la Respuesta...49. Estamos aquí, una vez más, ante la circunstancia del "vagabundaje" por la tierra, del que hablan los poemas insertos en las secciones homónimas de Lagar y Lagar II, y ante la insatisfacción que ese vagabundaje sin sentido provoca en la sujeto que lo experimenta, el sueño acude con sus poderes auxiliares, como el único modo de recuperar la permanencia y firmeza ontológicas que coincidieron en el ámbito de la existencia pasada. La paradoja que sigue, que sustituye el "ver" por el "adivinar", no necesita después de lo dicho, aclaración. Finalmente, la "Patria" a la que esta mujer fantasma vuelve, al contrario de la patria verdadera, que sí es la patria, es en realidad la Matria: lo que ella va a buscar, lo que va a encontrar o a va a tratar de encontrar en Chile es "Patria y Madre que me dieron". Dos complementos directos, por lo tanto, que no son el "padre" y la "madre", los que hubieran sido la opción paradigmática "normal" para esa estructura sintagmática, pero que como sabemos son términos irreconciliables y en el último análisis de comunicación tenue o nula en el imaginario mistraliano, sino "La Patria" y "La Madre", dos términos complementarios y aun, yo estoy dispuesto a sostener que el primero dependiente del segundo. Lo que Mistral va a buscar a Chile en el "Poema de Chile" es la Patria de La Madre, es decir, la Matria. Coincide pues esta postura con una antigua idea suya, formulada creo que por primera vez en el artículo "La Patria", de 1906, donde ella había escrito que la evocación de "La Patria" equivale a la evocación de "La Niñez" y ésta a la de "esa otra flor divina i sacra: la Madre"50. Con lo que el círculo se cierra y la política del "Poema de Chile" vuelve a convertirse en el centro de nuestro interés crítico. En su "Poema...", Gabriela Mistral sueña con y desciende fantasmagóricamente sobre un Chile que no es el de El Padre, sino el de La Madre (¿tengo que decir que esta Madre no es la-madre-del-padre, como en tantas otras ocasiones, y particularmente en su prosa de encargo y pedagógica, sino La Madre a secas?). Su política de exclusiones e inclusiones, ésa a la que ya nos referimos al intentar nuestro primer acercamiento al "Poema...", se corrobora y refuerza desde el extremo pragmático del circuito comunicativo. Los elementos que el mundo del "Poema de Chile" descarta son aquélllos que corresponden al Orden de El Padre: las ciudades, la vida social y familiar burguesa, los "figuras" epónimas, etc. Los que acoge son los del Orden de La Madre: la vida natural en su máxima pureza o la vida social y familiar campesina, "huertera", en colaboración y paz ecológica con la vida natural. Mary Louise Pratt interpretó esta decisión radicalmente: "La historia oficial o pública de Chile no desempeña ningún papel en la obra; el patriotismo y el nacionalismo en su aspecto político, los que confirman la comunidad imaginada [por El Padre: La Nación], están ausentes. Más bien, siguiendo los dictados de otra poderosa tradición criolla, el amor por el país se expresa mediante un compromiso apasionado con la ecología y la geografía, América como el paraíso primigenio [...] Igualmente, el compromiso de Mistral con Chile en el poema no se plantea en términos de ninguna de las imaginerías fraternales que Anderson identifica con el nacionalismo. No hay comunidad imaginada en el poema de Mistral, sólo el territorio nacional naturalizado como una entidad ecológica, y con una concreta relación maternal (no fraternal)"51. Podría decirse también que el "Poema de Chile" disminuye y/o elimina el presente y recuerda el pasado y/o anticipa el futuro. Pero tampoco eso es muy exacto. Es cierto que el presente que Gabriela Mistral disminuye y/o borra de la página es el presente histórico, el de lo intolerable histórico. El pasado que recuerda y el futuro que anticipa son, en cambio, tiempos míticos ambos. El Chile al que Mistral "puede" regresar, pero al que puede regresar sólo por la vía del sueño y en calidad de fantasma, es el Chile de la nostalgia y la profecía o, dicho de otra manera, es un Chile cuyas máculas han sido lavadas por la memoria poética para ser alzado después hasta el plano de una redención anticipable por los plenos poderes de la visión creadora. Tan cierto es esto que, cuando finalmente convencen a Mistral para que haga su gran viaje de retorno a la patria, el de 1954, llena de aprehensiones desde la partida, en una tournée que fue brevísima y de la que salió enferma, en sus encuentros oficiales ella opta por no hacer uso del lenguaje de la historia. En el homenaje que le rinden en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, cuentan los testigos que rompe el protocolo, que se le pierden los papeles y que se suelta en una charla infinita y tortuosa que hace caso omiso de la solemnidad del acto y la sacralidad del lugar. Más tarde, desde el balcón de La Moneda, habla de lo que debiera pasar y no ha pasado en el desarrollo económico, social y político del país y sin parar mientes en que los culpables de aquello que condena están parados ahí al lado suyo. Como dije más arriba, la retórica de su conducta en el espacio histórico reproduce la retórica de su conducta en el espacio mítico del "Poema...". Por eso, además, porque ese es el espacio que la poeta ha escogido como el de su residencia final, como el único sitio posible de su estadía en esta tierra, es que no puede ni podrá ponerle fin a la escritura jamás. Es decir que en los quince últimos años de su vida Gabriela Mistral no vive en ninguno de los varios lugares por los que "pasa", menos todavía en un Chile al que visita a la fuerza. Vive en el único sitio donde quiere y puede vivir, en el interior de su "Poema de Chile". Por eso, no lo termina. Terminarlo, cerrarlo y publicarlo era acabar con el aire necesario para su respiración. O sea que es el Chile simbólico, como diría Lacan, el de sus instituciones, el de sus políticos, el de sus militares, el de sus empresarios, el de sus curas, el de sus futbolistas y el de sus patres familiae, el del lenguaje patriótico huero, y que entre tanto esconde y fábula a los indios, despoja a los campesinos, hambrea a los obreros y discrimina a las mujeres, el Chile que habla fuerte y golpea la mesa, ése es el Chile que no está en el "Poema de Chile", y no está porque Gabriela Mistral no lo puede sufrir. A ese Chile ella no puede volver. Entonces, lo censura, lo borra, lo decreta inexistente. En su Interpretación de los sueños, es sabido que Freud señala como el primero de los mecanismos censores que el sueño utiliza a la omisión, aun antes de asignarles ese mismo trabajo a los demás dispositivos distorsionadores. El que sueña expulsa del tinglado de su escena fantasmática aquello que le duele desde hoy y/o desde su pasado inconsciente52. No lo incluye, pero eso no quiere decir que no exista. Sigue existiendo in absentia y no sólo eso: posiblemente (Freud hubiese dicho que seguramente) es lo que estimula el trabajo del sueño en última instancia. En la etapa postrera de su vida, El Orden Simbólico de El Padre Chileno, ése que le permitió a Gabriela Mistral desarrollar su vocación poética a cambio de un voto de fidelidad, pero al que ella nunca le fue fiel por completo o, más bien, aquél de cuya fidelidad se dolió en casi toda su poesía y en buena parte de su prosa, es expulsado de un plumazo de las praderas de su imaginario. Pero ese ser Chile expulsado del horizonte referencial del "Poema de Chile" es, desde otro punto de vista, la manera cómo Chile se critica a sí mismo con la voz de Gabriela Mistral. El "Poema de Chile" es, en resumidas cuentas, la representación de lo que los chilenos quisiéramos haber sido y no fuimos y de lo que pudiéramos a lo mejor llegar a ser. Antes de morir, Gabriela Mistral se lo muestra a uno de nosotros que todavía es un niño pero que llegará a ser un hombre más temprano que tarde, y se lo muestra no como una prefiguración de la eternidad del reino de Dios sino como el después de un mundo humano que debería ser realizable un día de éstos y cuyo único requisito es la concordancia que ella quiere que exista entre él y la perfección arcádica del comienzo de la vida. La reflexión de Freud en el párrafo con que concluye la Interpretación de los sueños me parece aquí oportuna: "¿Y qué decir del valor de los sueños para darnos un conocimiento del futuro? Por supuesto que esa pregunta no tiene cabida en esta investigación. Más verdadero sería decir que ellos nos dan un conocimiento del pasado. Porque los sueños se derivan del pasado en todo sentido. Sin embargo, la antigua creencia de que los sueños predicen el futuro no está del todo desprovista de verdad. Pintando nuestros deseos como si ellos se hubiesen cumplido, los sueños nos guían en la dirección del futuro. Pero este futuro, que el soñador pinta como si fuera el presente, ha sido moldeado por su deseo indestructible, que es el que lo dota de una perfecta semejanza con la memoria del pasado"53.
Notas 1. El último viaje..., 14. 2. "¿Qué será de Chile en el Cielo?". Una propuesta de lectura para el Poema de Chile de Gabriela Mistral. Proyecto de tesis para optar al grado de Licenciado en Humanidades con Mención en Lengua y Literatura Hispánica. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades, 1994, p. 82 3. Ibid. 4. Ibid., 7 5. Vid.: Nota 36 del Capítulo VI. 6. Me refiero a "Gabriela Mistral sigue hablando de Chile" o "Geografía humana de Chile", ya que circula con los dos nombres. Puede consultarse en Recados contando a Chile, 186-198, o en Gabriela anda por el mundo, 377-388. Para mayores detalles, véase la nota 35 del capítulo anterior. 7. En "Tres novelas ejemplares". Sur, 16 (1936), 59-75. 8. Apareció el 27 de abril de ese año y es un texto decisivo para entender a Mistral en el contexto del regionalismo, con el que comparte la convicción de que ya "Va siendo tiempo de que algunos dejen el oficio universal de poetas y se den con una modestia servicial a contar la tierra que les sostiene juntamente los pies trajinadores y la densa pasión". Reconoce Mistral ahí también la labor realizada por Mariano Latorre en este sentido, y considera la nueva actitud como el producto de una "explosión de nacionalismo terrícola", agregando que "Yo pensé alguna vez hacerme en un libro parecido al suyo [¡ella, que ya lo estaba escribiendo!], el perro de Tobías que condujese a los cegatones propios y extraños por la bien hallada tierra chilena". Finalmente, aunque llena de elogios para con el trabajo de Subercaseaux, en el que ve la convergencia de la mano del "naturalista" con la del "poeta", no deja de reprocharle su poco aprecio por el pueblo y, sobre todo, por el campesino. Vid.: "Benjamín Subercaseaux y su libro Chile o una loca geografía" en Gabriela pensa en..., 95-108. 9. "... desde mediados de 1937 a mediados de 1940, la voluntad poética de Neruda aparece claramente galvanizada por el afán de redescubrir y revelar la propia patria. A su regreso desde España (1937) la actividad cívica de Neruda se concentra en dos frentes principales de combate: por la causa republicana en la Guerra Civil Española, por la candidatura del Frente Popular en la elección presidencial chilena que tendría lugar en septiembre de 1938. Estos esfuerzos del poeta se encauzan cultural y políticamente en la organización de la Alianza de Intelectuales de Chile y en la fundación de la revista Aurora de Chile. En un plano poético personal, articulado pero no coincidente con el plano anterior, los propósitos de Neruda manifiestan su nueva orientación en 'La copa de sangre' y en los primeros poemas del 'Canto General de Chile'". Agrega Loyola que entre estos últimos el primero en escribirse es "Himno y regreso", cuando el poeta vuelve de Francia, en 1939. Hernán Loyola. "Neruda y América Latina". Cuadernos Americanos, 3 (1978), 176-177. 10. Jaime Quezada. "Gabriela Mistral a través de su obra" en Gabriela Mistral. Poesía y prosa, XXXIX. 11. Me hace llegar Pablo Catalán un artículo suyo sobre este texto: "El Padre de la Patria. Divagación en torno a la creación del personaje histórico: el poema 'Chillán' (Poema de Chile) de Gabriela Mistral" en La construction du personnage historique, ed. Jacqueline Covo. Lille. Presses Universitaires de Lille,1991, pp. 183-192. 12. Daydí-Tolson admite que "[los seres humanos] aparecen en su mayoría --cuando aparecen del todo-- en un estado desnaturalizado y, por lo mismo, apenas sí se los nombra". Y luego comenta: "La virtual ausencia de gentes en el poema le añade al texto un carácter crítico, una tensión que hace aún más evidentes las virtudes de aquellos humanos que no participan de los defectos de la mayoría". El último viaje..., 20. 13. "... Alexander von Humboldt reinventó Sudamérica primero y sobre todo como naturaleza [...] Tan sumergido y miniaturizado se halla el ser humano en la concepción cósmica de Humboldt que la narrativa deja de ser para él un modo de representación viable. La evitó deliberadamente. Sus primeros escritos no especializados sobre las Américas adoptan la forma de ensayos descriptivos y analíticos. Mary Louise Pratt. Imperial Eyes. Travel Writing and Transculturation. London y New York. Routledge, 1992, 120. 14. "El sentimiento americano en Gabriela Mistral" en Temas de la cultura chilena. Santiago de Chile. Universitaria, 1967, p. 52. 15. "Gabriela Mistral a través de su obra", IX y X. 16. "Gabriela Mistral, poesía perenne" en Temas..., 64-65. 17. El último viaje..., 18-19. 18. Prescindiendo de lo que ella misma vio cuando era niña y después, los primeros indicios de esta parcialidad creo que habría que extraerlos de algunos textos que son producto de su contacto con los círculos políticos radicales durante su adolescencia y que se publicaron en La Voz de Elqui, El Coquimbo, La Constitución y El Tamaya. Pienso, por ejemplo, en el encendido revolucionarismo de "Saetas ígneas", que apareció en el primero de los periódicos que acabo de nombrar el jueves 11 de octubre de 1906. Reproducido en Gabriela Mistral en La Voz de Elqui, 54-55. Con mayor madurez y conocimiento de causa, Gabriela vio más tarde en México una reforma agraria haciéndose, en la que participó y sobre la cual escribió. Vid.: "México. La cuestión agraria". La Nueva Democracia, 9 (1924), 3-5 y 32. Por eso, no es inaudito que el tema estalle, ahora con toda su fuerza, en los artículos posteriores a su primera visita a Chile, en 1925, en "Cristianismo con sentido social" y en "Una provincia en desgracia: Coquimbo". Para conocer el primero completo, búsqueselo en La Nueva Democracia, 6 y 7 [apareció allí en dos números] (1924), 3-4 y 31 y 3-4 y 31 respectivamente; también, en Atenea, 9 (1925), 472-477; el segundo, lo incluyó el padre Escudero en los Recados contando a Chile, 17-22. Más contundente todavía es la prosa que emplea en "Ruralidad chilena", de 1933, un artículo al que me voy a referir en seguida. 19. "... Con algunas excepciones, mayormente en la región de la frontera y en Chiloé, la tierra agrícola de Chile antes de 1964 estaba concentrada en un número relativamente pequeño de grandes propiedades. Marvin Sternberg escribió en 1962 que la 'concentración de la propiedad de la tierra en Chile se halla entre las más altas del mundo'. En 1955, 4.4 por ciento de los propietarios eran dueños de aproximadamente el 80.9 por ciento del total de la tierra, 77.7 por ciento de la tierra agrícola, 51.5 por ciento de la tierra arable y 43.8 por ciento de la tierra irrigada. De acuerdo con el censo agrícola de 1964-65, menos de 7.000 propiedades (de un total de 253.532) contenían aproximadamente el 73 por ciento de toda la tierra agrícola de Chile. Las grandes propiedades típicamente subutilizaban la mejor tierra y dejaban grandes extensiones de tierra irrigada para pastizales. Desde 1945 en adelante, la producción agrícola chilena fue incapaz de mantenerse a la par con el ritmo del crecimiento de la población, convirtiéndose así en un estorbo para la economía nacional. // En la otra punta del espectro, unas ciento cincuenta mil propiedades agrícolas con menos de 10 hectáreas cada una (más de la mitad de las propiedades agrícolas en el país) contenían sólo un 2 por ciento de la tierra agrícola de Chile. Esta división de las propiedades agrícolas del país en un número pequeño de grandes propiedades y uno grande de terrenos de subsistencia o aun menores es lo que se caracteriza a menudo como el 'complejo latifundio-minifundio'". Brian Loveman. Struggle in the Countryside. Politics and Rural Labor in Chile, 1919-1973. Bloomington y London. Indiana University Press, 1976, pp. XVI-XVII. 20. Fernando Alegría. Genio y figura de Gabriela Mistral. Buenos Aires. Universitaria de Buenos Aires, 1966, p. 90. Armando Uribe Arce y Volodia Teitelboim recuentan la misma anécdota muchos años después. Ambos están de acuerdo en absolver a Gabriela de la imputación de demencia, pero ninguno de los dos conecta el incidente con su obra poética. Vid.: Armando Uribe Arce. "Funerales. Q.e.p.n.d. Recuerdo de Gabriela Mistral".Araucaria de Chile, 32 (1985), 115-116; y Volodia Teitelboim. Gabriela Mistral... , 288-289. 21. Más tarde dirá, sin embargo, que el suicidio de Yin "y sobre esto no tengo dudas, alteró sus facultades mentales". Genio y figura..., 70. 22. Ladrón de Guevara insinúa que Mistral se habría conducido de ese modo en Chile, en 1954, a raíz de una información involuntariamente errónea que ella le transmitió. Mi impresión es que el problema es más profundo de lo que ella cree. Vid.: Gabriela Mistral..., 74 y 77-78. 23. Daydí-Tolson toma la cita de Magdalena Spínola. Gabriela Mistral huéspeda de honor en su patria. Guatemala. Tipografía Nacional, 1968, p. 32. En el libro de Daydí-Tolson, en 124. 24. Es curioso, pero Gabriela utilizó siempre con respecto a su valle una dialéctica del ver y del no ver. En "Ruralidad chilena", el artículo de 1933 anteriormente mencionado, dice por ejemplo: "Una hectárea elquina hace el bienestar de una familia y da al jefe cierto aire de hombre rico. Aquellos cuadrados y rombos mediocres de las parcelas doblan el año cubiertas de hortalizas y de frutales o de la lonja mínima de pastos donde come la vaca familiar que adquiere casi la santidad de la vaca hindú. Una hectárea por cabeza de familia resolvería el problema económico del campesino de Elqui, si el horrible y deshonesto latifundio no estuviese devorándonos y hambrándonos, allí como a lo largo del país entero". "Ruralidad chilena" en Recados contando a Chile, 112. Queda en evidencia pues, en este artículo, su reconocimiento de la existencia del latifundio en el valle. En cambio, en "Una provincia en desgracia: Coquimbo", de ocho años antes, su posición es similar a la del Poema de Chile: "La provincia tiene que volverse agrícola, como Aconcagua, como su valle de Elqui, donde no hay hambre, porque existe el agua, el hombre no es perezoso y el suelo se ha dividido". [el subrayado es de ella]. Recados contando a Chile, 22. ¿En qué quedamos? Por mi parte, carezco de datos específicos sobre tenencia de la tierra en Elqui durante la primera mitad del presente siglo, pero sí tengo datos sobre la antigua provincia de Coquimbo. En ellos leo que hasta 1966 "Las áreas con agua se hallan casi siempre bajo alguno de los principales sistemas de tenencia que hay en el Norte: el latifundio o el minifundio. Se encuentran vallecitos enteros subdivididos en parcelas de 0,5 a 2 ó 3 hectáreas, por un lado, y otros divididos en pocas explotaciones que, en conjunto con las tierras de secano, forman haciendas de entre 1,000 a 10,000 hás., aproximadamente. // En los terrenos sin agua o con fuentes pequeñas e iregulares, que no forman parte de las grandes explotaciones ya anotadas, se encuentran por lo normal las comunidades [...] A grosso modo se puede considerar que los latifundios y las comunidades se reparten los terrenos de secano de la provincia de Coquimbo en porciones iguales, aunque las grandes explotaciones cuentan con mayor superficie regada. Lo que queda, pertenece a los minifundistas y otros pequeños productores". Chile. Tenencia de la tierra y desarrollo socioeconómico del sector agrícola. Santiago de Chile. Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola, 1966, p. 126. De la información que acabo de transcribir, se desprende que Mistral tiene razón parcialmente. Los terrenos con agua en esta zona, y es el caso del valle de Elqui, se distribuían hasta 1966 entre el latifundio y el minifundio y/o pequeña producción. La importancia de esta última forma de tenencia era grande, sin duda. También lo era la menor importancia relativa del latifundio. Esto último lo prueba el hecho de que fue prácticamente eliminado durante la segunda (y todavía bastante tímida) ola de la reforma agraria, en tiempos del presidente Eduardo Frei Montalva. 25. Incluso en "Ruralidad chilena", donde reconoce que hay latifundio en Elqui, pero lo mitiga por comparación con el del valle central: "Claro está que no son aquéllas las haciendas del sur, que suelen cubrir medio departamento, sino pequeños fundos y hasta a veces simples granjas. Ni en esta forma temperada, sin embargo, debería existir la propiedad grande en ese pequeño corredor de cerros, densamente poblado", 112. 26. Algo de esto se divisa en un artículo de Lidia Neghme Echeverría: "El indigenismo en Poema de Chile de Gabriela Mistral". Revista Iberoamericana, 151 (1990), 553-561. 27. De la crítica del ocultamiento y de su angustia por la degradación del indio está lleno también el artículo de Mistral "Música araucana", publicado en 1932, en La Nación de Buenos Aires, y reproducido en Recados contando a Chile, 80-90. Como la que muestra en el "Poema de Chile", su actitud es aquí de culpabilidad compartida: "Digo sin ningún reparo 'remordimiento'. Creo a pies juntillas en los pecados colectivos de los que somos tan responsables como de los otros [...] nos manchan y nos llagan, creo yo, los delitos del matón rural que roba predios de indios, vapulea hombres y estupra mujeres sin defensa a un kilómetro de nuestros juzgados indiferentes y de nuestras iglesias consentidoras".Ibid., 86. También es ésta su actitud en la reseña del libro de Benjamín Subercaseaux antes citada: "Pero nosotros, su clase y la mía, usted y yo, tenemos la culpa de la ceguera que existe en esas dos pulgadas del rostro, la cual nos ofende a ambos como una especie de traición a la casta. Nosotros no hemos cuidado a Juan-apir y Juan-gañán, ni en la ración del alimento que se le debía, ni en las varas de tela de sus ropas; menos aún en la altura de su techo, y no le dimos la parte que había menester de juegos y de música coral a la intemperie". "Benjamín Subercaseaux y su libro...", 101. 28. Pablo Neruda. "Los indios" en "V. La arena traicionada". Canto General, ed. Enrico Mario Santí. Madrid. Cátedra, 1992, p. 343. 29. La desesperanza un poco injusta de Mistral respecto de la vitalidad de la cultura indígena de nuestro país, y su fundamentación de la misma en la pérdida de la tierra por parte del pueblo araucano, se advierte en estas frases: "Perdiendo, pues, la propiedad de su Ceres confortante y nutridora, estas gentes perdieron cuantas virtudes tenían en cuanto a clan, en cuanto a hombres y en cuanto a simples criaturas vivas. Dejaron caer el gusto del cultivo, abandonaron la lealtad a la tribu, que derivaba de la comunidad agrícola, olvidaron el amor de la familia, que es, como dicen los tradicionalistas, una especie de exhalación del suelo, y una vez acabados en ellos el cultivador, el jefe de familia y el sacerdote o el creyente, fueron reentrando lentamente en la barbarie. "Música araucana", 84-85. 30. Por supuesto que Gabriela se da cuenta de que los tres personajes principales del "Poema..." son de algún modo uno solo, ella misma. Lo dice en "Cordillera". Además, de una manera un tanto extraña, creo que coquetea ahí mismo con la vinculación entre esta estructura tripartita del personal del "Poema de Chile" y la Santísima Trinidad:
En todo caso, creo que vale la pena citar aquí también algunas de las consideraciones preliminares en su conferencia sobre O Menino Poeta, el libro de Henriqueta Lisboa: "El poeta comprende a criança como seu semelhante; mais ainda, como seu irmão gêmeo. A gente diz dele o qui diz da criança: que se tornam bobos por cualquer cousa; que não teem noçao do tempo; que são de uma insensatez não circunstancial, mais normal; que sofrem por uma bagatela e por outra bagatela são felizes; que levan muito a sério a sua musiquilha e por ela sacrificam as cousas serias da vida; que são mais fáceis de enganar do que uma bestiola; que não teem defensa para vivirem entre os espinhais do mundo; que são volúveis e incontetáveis, o poeta como a criança". Precisemos ahora nosotros: el poeta, el niño y la bestiecilla, es decir, los tres personajes centrales del "Poema de Chile". 31. De ahí que Falabella distinga en el conjunto del texto, junto con poemas "descriptivos" y "dialógicos", una clase de poemas "líricos", en los que "predomina la función expresiva a través de un 'yo' lírico". ¿Qué será de Chile en el Cielo?"..., 11 et sqq. Yo creo que su intuición es correcta, pero que sería preferible pensar no tanto en poemas como en aspectos diferentes del funcionamiento del lenguaje y, en última instancia, de la sensibilidad que lo utiliza. 32. Patricia Pinto Villarroel. "La mujer en Poema de Chile: entre el decir y el hacer de Gabriela". Acta Literaria, 14 (1989), 35. 33. Por ejemplo, en Magdalena Spínola. Gabriela Mistral..., 68. Daydí-Tolson reproduce la información en la página 125 de su libro. 34. Jaime Quezada afirma que en algún momento de su composición el "Poema de Chile" fue pensado como un libro para enseñarles geografía a los niños y yo le creo, aunque por otro lado su utilidad pedagógica me parezca harto dudosa. "Gabriela Mistral...", 472. 35. Por ejemplo, en "La geografía humana: libros que faltan para la América nuestra" (1929) y "Una mujer escribe una geografía" (1934) Ambos en Magisterio y niño, 136-140 y 120-123 respectivamente. 36. Mistral escribió sobre Lagerlöf en "Tiene setenta años Selma Lagerloff", un artículo de 1929. Reproducido en Gabriela Mistral piensa en..., 21-24. Daydí-Tolson considera esta influencia en El último viaje..., 43-44. 37. Mucho ruido se ha hecho con ellas, pero la misma Mistral pone las cosas en su sitio cuando en una carta a Matilde Ladrón de Guevara le confiesa que "me anuncian el envío de muchas obras geográficas. Ignoro todavía si se trata de esos libros chilenos, (han llegado y son muchos y son excelentes) o de uno de tantos paquetes de libros que llegan para mí. El daño de estos asuntos es el que yo tengo ya escrita la mayor parte del poema sin más recursos que el de mi mala memoria". Matilde Ladrón de Guevara. Gabriela Mistral...", 156. 38. Genio y figura..., 80, y luego 109-111. 39. En el reel número uno de los manuscritos en el Congreso de Estados Unidos, Mistral anota que, junto con "Contar en metáforas la largura de Chile, sus 3 climas, etc." y "hacer hablar al niño en chileno y que hable bastante", el otro de sus propósitos en el "Poema..." es "Contar finalmente el que no me dejan volver". 40. Considérese, por ejemplo, esta cita, muy conocida, de una carta a Matilde Ladrón de Guevara en los años cincuenta, también durante el período italiano de Mistral: "¿Por qué odia tanto el chileno? Lo único que allá en Santiago observé en la calle fue la mirada, que es mi documento en toda tierra. Y vi, vi, vi las que echaban sobre mí. Fueron sólo tres salidas, tal vez dos, y tengo presentes esos ojos de curiosidad redondamente hostiles. Yo salí de Chile obligada y forzada por don Jorge Matte, Ministro de Educación. A causa de aquel nombramiento para el Instituto de Ciencias Internacionales de París. Quería quedarme con mi madre hasta su muerte. Me lanzaron, y como tengo un fondo de vagabundaje paterno, me eché a andar y no he parado más". 41. The Interpretation of Dreams,tr. de James Strachey para The Standard Edition, Vol V, p. 553. 42. "¿Hay alguna razón para que un recuerdo de la niñez nos presente más dificultades de interpretación que un sueño?". quot;Leonardo da Vinci and a Memory of his Childhood", tr. de Alan Tyson para la Standard Edition, Vol. IX, p. 93. Otros dos textos de Freud, a propósito de la conexión entre el sueño (o el ensueño, hay en esto ciertos matices en los que no tengo tiempo para detenerme) y la creación artística, poética sobre todo, parecen ser una carta al Wilhelm Fliess del 7 de julio de 1908, donde Freud dice que en el ensueño "una nueva experiencia es proyectada de vuelta al pasado en la fantasía de manera que las nuevas personas [véase la nota siguiente sobre la noción de "fantasma"] se alinean con las antiguas, quienes se convierten en sus prototipos. La imagen realista del presente es vista en un pasado que se fantasea y que entonces proféticamente se transforma en el presente", y una conferencia de 1907, en la que, después de hacerse la pregunta "¿Cuáles son las fuentes desde las cuales ese extraño ser, el creador literario, obtiene su material", se responde diciendo: "Una experiencia fuerte en el presente despierta en el creador literario el recuerdo de una experiencia anterior (por lo general perteneciente a su niñez) desde la cual proviene un deseo que encuentra su cumplimiento en la obra creada. La obra misma muestra elementos de la ocasión reciente que la provocó tanto como del recuerdo antiguo". Respectivamente: Sigmund Freud. The Complete Letters of Sigmund Freud to Wilhelm Fliess 1887-1904, tr. Jaffrey Moussaieff Masson. Cambridge, Massachusetts, y London. The Belknapp Press of Harvard University Press, 1985, p. 320; y Sigmund Freud. "Creative Writers and Day-Dreaming", tr. I.F. Grant Duff para la Standard Edition, Vol. IX, pp 143 y 151. Como vemos, en ambos casos Freud traslada sus descubrimientos sobre la naturaleza y los mecanismos del sueño, en particular la idea del sueño como el cumplimiento sustitutivo de un deseo y la dialéctica entre el "contenido manifiesto" y el "contenido latente", al campo de la creación literaria. 43. Transcribo la definición de Jean Laplanche y Jean Bernard Pontalis: "Escenificación imaginaria en la que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en último término, de un deseo inconsciente". Diccionario de psicoanálisis, tr. Fernando Cervantes Gimeno. Barcelona. Labor, 1971, p. 141. 44. Fernando Alegría, perspicaz observador de detalles como éste, aporta una anécdota que me impresiona, aunque no me asombra. Haciendo dormir al hijo menor del poeta Juan Guzmán Cruchaga, Gabriela le dice: "Porque habís de saber pus niño que en la noche cuando estai dormío se te empiezan a soltar los miembros y, brazo por brazo, pierna por pierna, nariz por un lado, oreja por el otro, ojos, boca y cuanto hay salen volando a recorrer el mundo". Genio y figura..., 15. 45. Georgina Sabat-Rivers confecciona un mapa de esta tradición en El "Sueño" de Sor Juana Inés de la Cruz. Tradición literaria y originalidad. London. Tamesis, 1977, pp. 23-54. De paso, me llama la atención en el trabajo de Sabat-Rivers que una de las imágenes del sueño más comunes entre las que ella detecta sea la de "la montaña". Ibid., 25-26. 46. Dice Santiago Daydí-Tolson: "La figura del fantasma corresponde bastante bien a la idea que la poeta tenía de sí misma en los últimos años de su vida. A pesar de verse como espíritu liberado del mundo y en peregrinación última hacia Dios --auténtica convicción religiosa y no simple imagen literaria--, ella resume en su prefiguración ficticia de 'alma en pena' los rasgos predominantes que la definen como persona en el mundo: el ser maestra y poeta, madre y guía que muestra y enseña cumpliendo con el deber altísimo de su doble profesión". El último viaje..., 24. Insiste en esta interpretación al final de su libro, 198-199. 47. Repite Gabriela en los versos veintitrés y veinticuatro de "El Mar": "Nadie nos llamó de tierra / adentro: sólo éste [el mar] llama". También al fin, en "Despedida": "Ya me voy porque me llama / un silbo que es de mi Dueño". En todo caso, debe tenerse presente que este verbo "llamar" es característico del discurso ocultista. Se encuentra en numerosos textos de Mistral, algunos de los cuales mencionamos en el Capítulo V y de los cuales "Aniversario" es un ejemplo más complejo que la mayoría (habla ahí del gran "Llamador", el que aún no los llama ni a ella ni a Miguel más allá de la parálisis metafísica en la que ambos se encuentran en ese momento). Por último, recuérdese también que "llamar" es el verbo que se usa habitualmente para nombrar la actividad que el medium espiritista realiza en la séance. 48. The Interpretation..., 68; también en Introductory Lectures on Psycho-Analysis, tr. de James Strachey para la Standard Edition. Vol. XV, p. 129. 49. Sor Juana Inés de la Cruz. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz en Obras escogidas, 123 50. Vid. : Nota 11 en el Capítulo I. 51. Mary Louise Pratt. "Women, Literature, and National Brotherhood" en Emilie Bergmann et al. Women, Culture, and Politics in Latin America. Berkeley, Los Angeles, Oxford. University of California Press, 1990, pp 66 y 69 respectivamente. 52. "... Al considerar que sólo un número muy reducido de los pensamientos-sueño que se nos revelan se hallan representados en el sueño por uno de sus elementos ideacionales, podríamos concluir que la condensación se efectúa por omisión, que el sueño no es una traducción fiel o una proyección punto por punto de los pensamientos-sueño, sino una versión de ellos sumamente incompleta y fragmentaria. Esta visión, como pronto lo descubriremos, es muy inadecuada. Pero podemos tomarla como un punto de partida provisional y avanzar hacia una nueva cuestión. Si sólo unos pocos elementos de los pensamientos-sueño encuentran el camino hacia el contenido del sueño, ¿cuáles son las condiciones que determinan su selección?". The Interpretation..., Vol. IV, 281. Repite Freud después, en las Conferencias introductorias...: "La omisión, la modificación, la fresca agrupación del material --éstas, entonces, son las actividades de la censura del sueño y los instrumentos de la distorsión". Introductory Lectures...., 53.The Interpretation..., Vol. V, 621. |